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Tecnológico Superior Corporativo Edwards Deming - Enero - Julio Vol. 5 - 1 - 2021 https://revista-edwardsdeming.com/index.php/es
e-ISSN: 2576-0971
simplemente “copia y pega”, sin ningún tipo de preocupación por la ética académica,
pues el asunto es cumplir con todas estas nuevas exigencias institucionales.
La segunda opción, que parece va a desarrollarse, es la del profesor que traduzca
exactamente como era durante todos sus años de docencia, convirtiendo la clase virtual
en una repetición del pasado, con los mismos elementos de juicios, tonalidades,
muletillas, modismos, discursos, griteríos, que hacía cuando era profesor en el aula
presencial. Ahí se percibe la presencia de aquel profesor de otras épocas, omnipotente,
frívolo, insípido, de escaso hablar, de pronunciación incomprensible, de clases
improvisadas y de retórica fuera de contexto. Ese profesor de difícil acceso, con el cual
es casi imposible lograr una conversación interactuante, sino simplemente
acostumbrarse a ser receptores pasivos de su sabiduría. Y, por cierto, temerle sobre
todo en las calificaciones.
La tercera opción que se podría producir, es la del profesor tecnócrata, experto, erudito
y autodidacta de TIC, que es muy intelectual, conocedor de los últimos avances de la
tecnología, “sorprendedor” con nuevos enlaces y aplicaciones informáticas, que dejan
en ascuas a los estudiantes, a quienes no les va a quedar otra alternativa que pagar a
expertos para que les ayuden a resolver todas las tareas y demandas del docente. Si se
puede decir algo más, será el profesor dominante, a quien nadie termina de comprender
sus explicaciones, pero que deja sin aliento y sin horas de sueño a cualquiera.
Una cuarta opción, es la de los docentes que van a entender que el proceso de
enseñanza-aprendizaje es mutuo. Es colaborativo y compartido. Implica una actitud
flexibilizada, humana, personalizada, comunicacional, interactiva, afectiva y emocional.
Donde utilizando estas condiciones, se traduzca positivamente la información, que de
otra manera se podría presentar demasiado fría o indiferente, al estar simplemente
frente a un ordenador y una pantalla que visualice un rostro con el nombre de una
persona. Dar valor al individuo que está interactuando, transmitiéndole a su vez un
conjunto de conocimientos y valores, que fortalezcan, modifiquen y optimicen sus
propios elementos conceptuales, comportamentales, intelectuales y de desarrollo
humano.
Estudios anteriores a la pandemia, visualizaron los entornos educativos universitarios,
con una buena práctica educativa, la mediación de las tecnologías digitales y las redes
sociales, además de dictaminar el rigor del trabajo, su sustento teórico y la innovación
de las experiencias y modelos educativos. Uno de los principales aspectos considerados
fue el de la equidad: para el mejoramiento de la distribución social de los resultados
educativos, la cobertura de la enseñanza y la adquisición de competencias con miras al
siglo XXI.
Pero significativamente se pensó en la eficiencia; esto es, en el mejoramiento del sistema
educativo o del aula, procurando la disminución de la repetición del curso, evitar el
rezago o el abandono estudiantil. Se escribió mucho sobre la alfabetización digital en el
proceso educativo (Flores, Díaz B., & Rigo, 2016).
La Universidad Técnica Estatal de Quevedo (UTEQ)-Ecuador, asumió a partir de abril
de 2020, la incorporación al proceso de educación virtual, ante la inesperada condición