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Tecnológico Superior Corporativo Edwards Deming – Julio - Diciembre Vol. 5 - 2 - 2021 https://revista-edwardsdeming.com/index.php/es
e-ISSN: 2576-0971
desafíos analizando temas que demandan el empleo de cierto tipo de esquemas mentales
que al estar simplificados, supone la existencia de ciertas fortalezas y debilidades; es decir
presentan limitaciones que no deben ser eludidas y analizarlos, valorarlos para
determinar sus particularidades a fin de mejorar las capacidades de las personas que
laboran en las organizaciones de inteligencia.
En cuanto a las competencias profesionales que deben poseer los funcionarios que
desarrollan la función de inteligencia, Gómez & Medrano (2015) precisan que hay una
práctica de clientelaje que se manifiesta en la ausencia de concurso público para trabajar
en la función de inteligencia, existiendo antecedentes de funcionarios carentes de ética,
profesionalismo y objetividad, sumándose a ello la deficiencia profesional que da lugar a
la existencia de operadores empíricos reconociendo los errores que se cometieron
entre el año 2,000 y el 2010, debido a los intentos por reconstruir el sistema de
inteligencia, señalando que un analista de inteligencia de los aspectos no militares
demanda una formación universitaria de nivel de post grado.
Las cualidades que debe poseer un profesional de inteligencia también atribuyen énfasis
en su formación profesional, no especificando a qué disciplina debería de pertenecer, sin
embargo consideran relevantes el compromiso, la ética y la integridad hacia esta función,
en este sentido Sillone (2004), Lemozy (2004), Cepi, & Antunes (2004) consideran que
un profesional de inteligencia debe ser capaz de desempeñarse adecuadamente en el
análisis e identificación de las amenazas, aprovechar las oportunidades y neutralizar las
debilidades, debiendo ser un auténtico analista de las ciencias sociales, dominar las
tecnologías y desenvolverse en torno a un código de ética que involucre su
responsabilidad profesional. Adquirir estas competencias profesionales sólo son
factibles a través de un largo proceso de capacitación y perfeccionamiento que puede
demandar un período de diez años, Manzano (2009), pues, tal como sostiene Balcázar
(2004) la función de inteligencia no sólo gira alrededor de la obrtención de informaciones
sino en la necesidad de disponer de mayores capacidades de análisis.
En relación a la profesionalización de los funcionarios que laboran en los diferentes
sistemas de inteligencia en América Latina, se observa que la descripción acerca de las
competencias y capacidades que debe poseer un profesional es bastante compleja, los
cuales van desde la descripción explícita de las funciones a realizar dentro de una
estructura organizacional y doctrinaria sujeta a controles y fiscalización por órganos
superiores, Ugarte (2004); la demanda de reconocimiento por parte de los ministerios
de educación de las escuelas que se dedican a la formación, capacitación y
perfeccionamiento de la disciplina de inteligencia, debiéndose acreditar los cursos tanto
de pre grado como de post grado, Ulises (2004).
En lo que corresponde a la normatividad, existe una serie de normas que ha
experimentado en el Perú el sistema de inteligencia nacional. Luego de su desactivación
realizada a inicios del año 2001, mediante Ley 28664 del 04 de enero del 2006 se creo
la Ley del sistema de inteligencia nacional y de la Dirección Nacional de Informaciones,
la misma que fue derogada y sustituida por el Decreto Legislativo 1141 del mes de
diciembre del 2012, en el cual se establecieron el marco jurídico, la finalidad,